[su_heading size=»20″ margin=»0″] La banda venida de Málaga, en su mezcla de intenso y dinámico funk-rock, muestra una fuerte firmeza a la hora de potenciar un sonido homogéneo y compacto, a pesar de la rugosidad de las guitarras cuando las vertientes más rockeras asaltan las notas de las canciones.  [/su_heading]

 

[su_dropcap]A[/su_dropcap]demás de ser cuna y vivero de grandes proyectos artísticos, Madrid también tiene el placer de poder recibir diversas propuestas venidas tanto del territorio nacional como del extranjero. Aunque eso sí, dado el precario panorama escénico-musical, cada vez menos, lamentablemente. Músicos que, con muchos kilomentros a cuestas, llegan a la ciudad esperando hacerse un hueco dentro de la descosida red del circuito musical independiente, o al menos vivir la experiencia de la capital.

Tal vez sea la gran oferta cultural de la ciudad, o la no acorde demanda de la misma, que proyectos no tan fuertes mediática aunque si artísticamente queden navegando sobra la orilla del circuito alternativo. Para eso, entre otras cosas también, esta Frecuencia Urbana: Ayudar a impulsar proyectos emergentes y difundir sus propuestas.

Así es el caso de Jammin Dose, quienes actuaban por primera vez en la ciudad en una tímida sala Moby Dick a medio llenar y que bastante le ha costado decidirse a dejar la timidez y ponerse al ritmo enérgico de la música.

Un sólido y pujante juego de vientos, aunque no tan activo como tal vez nos hubiese gustado, y una base de percusiones que eleva alto el sonido del grupo, son los puntos fuertes de esta banda que en todo momento no deja de menear, a base de un cadencioso ritmo, las caderas de los presentes. Transmitiendo una vocación siempre festiva, tanto en sonido como en actitud escénica.

Sus canciones por momentos sufren un pequeño desplazamiento, alejadas un poco de ese sonido detonante generado de la potente fusión funky-rock, dejándose llevar por ciertos aires más latinos, o de música disco con regusto a pop. Pero que rápidamente retoman por la senda explosiva más funky; con vientos que emergen candentes, un bajo que vigoriza la melodía, y una percusión que sacude a corazón abierto. Todo ello englobado por una voz lisa y suave que entra grata al oído.

Presentaban su último trabajo discográfico, «Deadline«, una amalgama de ritmos que invitan al baile desde el primer momento. Transformando así lo que parecía un concierto con invitados, en una fiesta con música en directo. Demostrando que Madrid no solo siembra, sino que también sabe recoger los ricos frutos «foráneos».

 

 

Imágen y texto: Iván lionel

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