[su_heading size=»20″ margin=»0″]En un concierto de V8 Ford te puedes esperar de todo, menos aburrirte. Un léxico duro y cruel se enfrenta amenazante a tus sentidos. Promulgando -como bien nos gusta por estos lares- una férrea lucha ante la quietud y la apatía[/su_heading]

 

[su_dropcap]E[/su_dropcap]stá claro que a nadie le es ajeno la situación que nos toca atravesar. El síntoma, tiene los mismos denominadores en común: rabia, impotencia, asombro, rechazo. El remedio, no. Algunos optan por la lejanía, el olvido, la indiferencia.  Así el virus, impoluto, avanza ante nosotros sin ton ni son con una tranquilidad y paz inusitada, siendo ajeno a nuestro auto-engaño. Y es entonces cuando, pretendiendo no enterarnos, pasamos de ello y creemos que no nos afecta, que «ya pasará», hasta que un día nos levantamos y vemos como nuestra saliva escupe cenizas y nuestro ano sangre.

Otros antídotos los encontramos en la apariencia, tan de moda en estos consumistas tiempos. Parecer enterados de todo, incluso mostrando cierto interés informándonos en los mismos sitios donde nos sectarizan la opinión para así hacer creer que la conciencia es algo innato, y que de ello el ser humano no tiene escapatoria alguna. Aunque, al fin y al cabo, los resultados sean idénticos al anterior ejercicio: un pequeño pero punzante quiste rebelde, lleno de pus metido en el interior de nuestras pelotas y/u ovarios. Y así podríamos seguir largo y tendido sobre las alternativas a optar ante el continuo coito unidireccional estado-pueblo.

Son múltiples las maneras de encarar dicha tarea y, tal vez, todas validas dependiendo la ocasión. Pero no estamos aquí para desglosar la validez de las acciones (siempre y cuando sean verdaderas acciones y no simples movimientos de algún que otro corrupto titiritero). Lo que sí esta claro, que lo que enaltece a la palabra es la acción misma, y a esta sobre toda las cosas, la actitud que la acompaña. Actitud ante la pasividad general fomentada por la indiferencia social y ciudadana. Riesgo al ejercicio del acto en concreto, de la palabra acertada, de las reflexiones adecuadas, del alcance del inmune e inmundo mundo de viejos transeúntes que todavía pasan por él como en grandes filas vacunas directas al matadero.

Y, dentro de ese torrente invadido de absurdos juicios y banales enfoques de vida que tiemblan ante la brisa provocada por el aliento de un mosquito, encontramos, cual lanza afilada directamente en la yugular, a la gente de V8 Ford, y revalidarnos así, concierto tras concierto, que ideas y buena música pueden ( y hoy más que nunca, deben) ir juntas sin ningún riesgo alguno. Para demostrarnos una vez más, canción tras canción, que el Rock and Roll es mucho más que la aparente pose del roquero colgándose una guitarra al hombro. Que el Rock and Roll, como la vida misma, es puramente una cuestión de actitud.

 

[su_quote]Un contagio de fresco sudor empapado en las lavas de un volcán de verbo en pleno estado de ebullición como lo es «el Fada», algo más que el cantante del grupo. Repitiéndonos que una lucha va más allá de frases repetidas en infinitos libros viejos bien colocados en una sucia y abandonada estantería. Y que las ideas, tanto como la acción, permanecen solo si hay alguien detrás empujándolas y defendiéndolas [/su_quote]

 

V8 Ford, a través de una potente base rítmica a cargo del Will a la batería y el Almirante V8 en el bajo, es una intensa catarata de ritmos vertiginosos y adrenalínico estado febril ardiendo en pleno corazón del escenario, tema tras tema, sin respiro alguno. Un alocado swing, que en manos de las guitarras del Dudu y de Mario, se ríe de la mezquindad de los pseudo-roqueros y jóvenes estereotipos del pop moderno. Así, desde el minuto cero te entregan un crudo, frenético y esperpento directo, sin decirte cuál, pero mostrándote en cada momento los caminos para que de una (puta) buena vez, te saques la chupa y te pongas a bailar desaforadamente. Señalan no la senda que ellos mismos han optado recorrer – esa senda que vienen marcando desde varios años atrás, en su Asturias natal- sino para que elijas la tuya propia, para que desde alguna mirilla a descubrir tras tu hombría, te prepares, apuntes y dispares. Mientras muchos acceden a la facilidad de callar ante la verdad y los hechos, V8 Ford aturde y aplasta el silencio de la pasividad de la mejor manera: Rock and Roll!!!

 

 

 

 

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