Era la primera vez que iba a ver un concierto a El Sótano, la nueva sala de fiestas que abrió hace unos meses en el barrio de La Latina. Dentro de un perfil indie programan sesiones de djs y actuaciones musicales que se suman con fuerza a la oferta madrileña ofreciendo una agenda apetecible para los seguidores de la corriente alternativa. El minifestival en cuestión contaba con 3 bandas; Dinamita Brother, Jupiter 6 y The Nastys, siendo estos últimos los encargados de encabezar el cartel cerrando la noche.

La sala, aunque diseñada como un espacio multifuncional, me pareció en un principio más apropiada para las sesiones nocturnas que para los conciertos debido a su distribución, con un par de columnas que quitan algo de visibilidad y unas zonas con sofás que aunque puedan servir para dar un respiro en un momento dado pueden desfocalizar la atención. El escenario no está mucho más alto que donde se asienta el público, lo que hace que la sensación de cercanía sea una de las características del lugar.

A la noche la abrieron Dinamita Brother, un potente dúo, versátil y con un gran carisma en escena. Guitarra/voz y batería brindaban toda una amalgama de fuertes riffs con crudos acentos garageros cubiertos de una atmósfera psicodélica. Primer acercamiento a este grupo que deja buenas sensaciones y deseos de profundizar más en su proyecto.

Seguidamente, algunos incidentes con el sonido antes de la actuación de Jupiter 6 sumados a la desconcertante actitud durante la misma de su guitarrista/vocalista principal crearon un ambiente enrarecido que hizo pensar que estaba a punto de presenciar una especie de desastre escénico. Así que sólo me quedaba esperar a ver si mis sospechas se confirmaban o por el contrario una vez que empezaran a sonar los acordes iniciales el grupo me podría sorprender. Y la verdad es que me equivoqué puesto que desde la primera canción los Jupiter 6 me engancharon con su aire Nirvanero, de guitarras ruidosas, bajos afilados y ritmos que iban cogiendo solidez según avanzaba el show.

Melodías enmarcadas dentro de los nuevos sonidos del indie underground, se veían adornadas con algunos destellos originales en los coros y nos fueron conduciendo en un viaje hacia la rabia del punk y el noiserock, con lanzamiento de instrumentos al suelo incluidos. Me queda la duda de si el cantante iba realmente borracho o exageró su estado sobre el escenario, aunque me dejó tranquilo que, a pesar de sus vaivenes, algunos gritos chirriantes y varios gestos descolocados, al final diera el callo cuando le tocaba e hiciera que su guitarra inundará la sala con sus timbres oscuros y apocalípticos.

Y por último aparecieron Los Nastys, de quienes ya había oído hablar y les tenía como referencia de la nueva hornada ruidosa de Madrid, pero con los que no había coincidido hasta ahora. Este cuarteto es una fiel representación de la generación de millenians a los que les gusta liarla por las calles de Malasaña, bebiendo lo que se ponga a mano, vacilando a los viandantes y dando voces en ese intervalo nocturno que hay desde que sales del garito gratis y tienes que decidir si entras en otro y pagas, te quedas bebiendo latas fuera o te vas a tu/una casa a terminarla. Toda la energía de la fiesta está plasmada en sus canciones y su actitud.

La música de Los Nastys es para no parar de bailar. Música para pegarse la fiesta. Energía concentrada en pasárselo bien primando eso sobre cualquier otro aspecto musical.
Una actuación que fue a piñón, respaldada todo el tiempo por la única chica del grupo, que empuja a los demás desde la batería en una especie de tour de force para ver quién es el primero que descarrila. Se comieron a todos los asistentes, que acabaron viviendo la discoteca que proponen los Nastys, pudiendo sonar quizá todo el rato a lo mismo, pero es que “lo mismo” hace que la gente no pare de botar y se lo pasen de puta madre.

 

Texto: Arturo Jímenez Calvo   /   Imágenes: Iván lionel