[su_heading size=»20″ margin=»0″]Alpargata All Right Trío nos enseña que hacer buena música no va desarraigado de realizar un buen espectáculo, con palabras mayores, artístico sobre todo. Su música, fiel reflejo de una sociedad multicultural, se readapta con cada tema que tocan.[/su_heading]

 

[su_dropcap]H[/su_dropcap] ubo una época en que la música se valorizaba en los altos niveles de las capas del status social, llegando a la denominación de estrellas. Una época donde los transmisores de este fenómeno, los músicos, coqueteaban con las jerarquías reinantes y acomodadas del sistema, al mismo tiempo que eran admirados y codiciados por el «vulgo». Muchos músicos a lo largo de la historia, aunque así fuera en los comienzos de sus carreras solamente, solían ser transgresores, rompían moldes confiando en nuevas perspectivas tanto estéticas como de ideología, o, simplemente, quebraban las barreras que las estructuras sociales imponían para definir a cada cual en su sitio Larga es la lista, pero todos hemos visto como desde Billie Holiday, Sinatra, Litle Richard, Elvis, The Beatles o Bob Marley, por decir algunos, rompían dichos moldes. Transgredían, ya sea arriba como abajo del escenario. Construyendo un mito con carisma, don, voluntad y, en muchos casos, grandes trabajos publicitarios. Siendo un vivo ejemplo a seguir por millones de personas, inalcanzables dioses que de forma mundial instauraban una nueva manera de vivir y de encarar a la vida.

En esta época en la cual estamos viviendo, parece ser que la masificación cultural no es compensada por la especie de pseudo-represión que vive el mundo de la cultura en general, y de la cultura no-comercial en particular (imaginamos que ya a estas alturas todos sabemos que la violencia física es una de las tantas opciones de represión que existen). Vemos así entonces como esa masificación del arte consiguió en cierta medida que el artista sea más cercano al público, más «humano» podríamos decir, desinflando ese mito que han ido construyendo durante décadas. Y, aunque nos sigan impresionando tenerlos cerca o, al menos, más accesibles, ya no les basta con coger una guitarra y subirse a un escenario, sino que se les exige mucho más. Tal diversidad de estilos y variedad de artistas, así como su propio «arte particular», se encargó de desvalorizarlos, en cierta medida. Y si hoy asistimos a un directo malo, no lo volvemos a repetir. Hoy, un mal directo se paga caro, mucho más si la mitad del público no te conoce o a penas te ha escuchado. El público ganó poder o perdió el respeto al artista o, tal vez, el artista nunca valorizó o respetó al público como ahora. La cuestión es que se fueron equiparando los artistas a su público. Y de eso, algunos aún no se han dado cuenta.

 

[su_quote]Pero si -y llegamos al meollo- hay alguien que se ha enterado de esta paridad entre unos y otros y que entiende a la perfección lo de los cambios de época así como esa frase ya mitificada por estos tiempos como la de «currarse los conciertos para sobrevivir», son sin duda la gente de Alpargata.   [/su_quote]

 

Alpargata ha sabido adaptarse como pocos a una escena y a un panorama musical tan poco prospero. Han sabido amoldarse a esa realidad, primeramente reduciendo su formación a la mitad para según a qué salas vayan a tocar. Pasando a ser, tal cual fue esta la ocasión, un irreverente trío de dos guitarras y un bajo. Y, aunque seguramente haga falta la irremediable fuerza que conlleva tener una sección rítmica arriba del escenario, a las evidencias me remito del último sábado en el Juglar donde, o a muchas bandas de gran cantidad de miembros les pasa algo, o este trío esconde algún mecanismo secreto que haga parecer que sean al menos muchos más de los que son. Principalmente si a presencia escénica nos referimos.

Alpargata All Right Trío nos enseña que hacer buena música no va desarraigado de realizar un buen espectáculo, con palabras mayores, artístico sobre todo. Su música, fiel reflejo de una sociedad multicultural, se readapta con cada tema que tocan. Buscándose en un chotis bien castizo y urbano para encontrarse luego en la versión más grounge del jazz manouche a manos de un guitarra terriblemente «gipsy-gallagheriano».

Nos ofrecen un repertorio de lo más variopinto, con el calor emanando como bandera desde el escenario. Una banda que no se conforma con que el público simplemente esté, sino que sabe que al mismo se lo ha de ganar ofreciéndole lo mejor que pueden dar: buena música, alegría y buen humor. Así, no te queda otra que brindarles reciprocidad e inconscientemente te encuentras bailando una pegadiza rumba o, guiados por Santi y un bajo de contundente sonido y presencia, disfrutar del alocado swing de «aquellas señoras» que siempre se nos cuelan en cualquier cola que hagamos.

 

[su_quote]Reinventándose al mismo instante en que se suben al escenario, sabiéndose comunicadores, antes que nada. Mostrando como carta de presentación la gracia, ironía y «ese» saber estar frente al público que hace falta para que tu directo vaya por donde tenga que ir, y la gente sola comience a animarse, quitarse los abrigos, acercarse despacio, tímidamente, al escenario y comenzar, casi sin quererlo, a coquetear con el baile. [/su_quote]

 

Además de su música, Alpargata, a través de uno de sus mentores, un hilarante poeta llamado Mario, dispara gruesas letras que revestidas de ironía, golpean con firmeza: «Aquí estamos otra vez -nos dice abriendo el espectáculo- para hacerte reír y para hacerte llorar. ..Como una rara enfermedad, nos resistimos a desaparecer…Son los mismos que anteayer nos venían a abrazar. No te has de preocupar, son mosquitos nada más, arrimándose a la luz….» Letras muy pictóricas, como su propio espectáculo, que nos retratan escenas cotidianas, de calle, farsas de un día cualquiera, auténticos reflejos de algún que otro espejo cóncavo que aún hoy divaga por las calles de Madrid. O de atemporales frases existencialistas que siguen vigentes hoy más que nunca: «Una voz me dijo que el tiempo no para a esperar a los que se quedan mirando a los lados de la vida, esperando los milagros que no llegarán jamás. Piénsalo bien, no lo pienses más…mueve tu raquítico culo y ponte de una vez a bailar.»

Mejores teloneros la gente de La Rumbé no habrían podido pedir, dejando al público olvidados de la fría noche y con las caderas ya bien calientes. Tremendo directo que se brindo Alpargata All Right en su formato reducido, ¡Imaginense la que podrán liar con el equipo al completo!

 

 

 

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