[su_heading size=»19″ margin=»0″]Vivimos esperando la reacción que desate la tormenta sin nunca darnos tiempo luego a calzarnos antes de salir corriendo. Las elecciones son muchas aún cuando la escapatoria es poca o nula, incluso entre un o un no puede haber irreconciliables años de dolor o un segundo de diferencia. Las crisis existen y a estas las afrontamos para librarnos de ellas, para olvidarlas, para que sean la razón de nuestra existencia o para plantarles cara, de todo hay en la viña del señor.[/su_heading]

 

Desciendo de un árbol genealógico en el cual tres de las cuatro ramas de las que provengo han tenido que vivir la situación de la emigración en sus propias carnes, las hubo por razones políticas, sociales, económicas y/o religiosas. Sin ser una excepción en mi país del otro lado del charco, desde este viejo continente tengo amigos que les cuesta creer cómo es que mi bisabuelo italiano y anarquista haya ido a Argentina de polizón en un barco sin nada debajo de los brazos. O cómo es que la familia de mi abuelo paterno se haya tenido que dividir en dos escapando de la Rusia zarista y meterse en diferentes barcos sin saber cual era el destino final de cada uno de ellos. Y sin importarles demasiado tampoco claro, con tal de que el rumbo de este sea lejos de donde estaban. Les cuesta creérselo o más bien diría, no llegan a visualizar la situación de tan lejana y «literaria» que parece.

Aunque quienes tengan todas sus raíces genéalogicas siempre afincadas en España, o incluso en los mismo 200km a la redonda como suele pasar, directa o indirectamente las antiguas generaciones saben perfectamente que es eso del éxodo, de la persecucion y la necesidad de huida… Pero vuelvo al párrafo anterior subrayando una frase que es el quid de la cuestión y fundamento de este escrito: «…no llegan a visualizar la situación«.

Europa en particular y el sistema de bienestar occidental en general se ha visto tambalear por la reciente crisis migratoria de refugiados. Pasando vergüenza de mirarse al espejo y desempolvando claramente el pellejo fantasmal de todas las capas de representación política que nos gobiernan. Con una capacidad pasmódica de reacción, de inmovilidad y falta de empatía.

Ante tal pasividad por parte de los gobernantes, un colectivo, tal vez el más hetereogéneo, dispar y disperso de todos, el de los músicos, predicando con el ejemplo actuó acorde a la situación y a lo que como seres mediáticos que son se les pide. Fueron muchos los eventos solidarios que se realizaron (y aún se realizan), de muy diverso calibre, estilos y formatos. Músicos, salas, promotores, todos arrimaron el hombro para tener de manera conjunta una respuesta ante la gravedad del problema. Una respuesta no solo económica, sino más importante aún, una verdadera contestación social y ciudadana ante un asunto que nos atañe a todos. Y más allá que se esté o no de acuerdo, lo hayan hecho bien o mal, ¡Han reaccionado, joder! Alejados de los laberintos retoricos y las utopías irrealizables. Sabiendo que ayer fueron nuestros abuelos, hoy sirios y magrebíes y mañana….

¿Será que junto a todas las medidas y leyes contra la representación artística y más aún musical que existen hoy día como el IVA cultural, escasez de convenios colectivos, jornadas exentas de seguridad social, prohibición de menores en los conciertos, etc, etc..(véase Tras el telón), que en cierta medida y exagerando al extremo en la comparación por supuesto, son los artistas quienes se encuentran en una situación de desamparo que va más allá de lo profesional por el cual han sabido visualizar la situación y actuar acorde a sus posibilidades?
Es por ello que desde este humilde rincón, y tanto o más que siempre, estamos orgullosos de la calidad artística y humana que merodea la ciudad, donde hemos de cuidarlos y protejerlos como nunca. Porque si la música es en muchas veces, o en todas, el refugio elegido para nuestros desamores, desengaños, tristezas o cualquier estado de jubilo y felicidad, podemos decir hoy también que nuestros músicos son nuestro mejor refugio social y político. Porque el arte que mancha es el que merece destaparse.

Texto: Iván lionel